El olivo es una “fábrica” de compuestos saludables que se transmiten posteriormente al aceite de oliva, lo que nos permite disfrutar de sus propiedades nutritivas, digestivas, antioxidantes, y antiinflamatorias; sin embargo, también se encuentran propiedades beneficiosas en las hojas.
Las hojas del olivo contienen un amplio espectro de sustancias químicas: sales minerales, lípidos neutros, fosfolípidos, triterpenos como el ácido oleanólico, ursólico, uvaol y maslínico; flavonoides como la olivina, rutina, heterósidos de apigenina y luteolina; y polifenoles sericoides, fundamentalmente en forma de oleuropeósido e hidroxitirosol.
Tradicionalmente se les ha atribuido a las hojas del olivo numerosas cualidades, aunque solo se han demostrado experimentalmente algunas de ellas: propiedades hipotensoras, antiinflamatorias, hipoglucemiantes, espasmolíticas, antiulcerosas, antimicrobianas y antioxidantes.
La actividad hipotensora se debe al compuesto oleuropeósido, que provoca una importante y prolongada disminución de la presión sanguínea cuando es administrado por vía intravenosa, y cuyas propiedades se manifiestan también en infusiones de hojas de olivo. A ello contribuyen también los derivados triterpénicos como vasodilatadores y antinflamatorios. Además el oleuropeósido genera un efecto hipoglucemiante (antidiabético), y un efecto espasmolítico. Las propiedades antiulcerosas se deben a la acción del ácido eleanoico, y cualidades antimicrobianas y antioxidantes al hidroxitirosol
El uso de hojas de olivo se efectúa normalmente en infusión, o en forma de preparados fitoterapéuticos y fórmulas magistrales, algunas de las cuales contienen también aceite de oliva. Aunque se han realizado algunos ensayos que descartan efectos tóxicos, se recomienda no consumirlo durante el embarazo y lactancia debido a la ausencia de más datos que corroboren su inocuidad.
FUENTE: El olivo. López, M. T.. OFFARM Dic 2006. Vol. 25 – Nº11.